(c) 2008 by J.C. Planells

No se hagan ilusiones: puede que como escritor de ficción esté –afortunadamente– olvidado, pero su "obra" permanece, y dura y dura. ¿No saben quién es? Pues el fundador de la Cienciología, el creador de la Dianética y demás paparruchas pseudocientíficas y pseudorreligiosas, que se convirtió en todopoderoso amo y señor de una presunta secta con visos de ¿religión? para la mejora astral (he dicho "astral", no "asnal") de las personas. La Cienciología está prohibida en algunos países, que la consideran una secta dedicada a lavar cerebros de incautos y bobalicones. Su responsable es, en efecto, LaFayette Ronald Hubbard, estadounidense nacido en 1911 y supuestamente fallecido en 1986 (supuestamente porque su oportuna muerte, cuando se investigaba el origen y destino de su cuantiosa fortuna y del dinero manejado por la Cienciología, entorpeció esas investigaciones, y poco después fue seriamente cuestionada por varias personas que manifestaron nunca se comprobó debidamente su muerte –ni visto cadáver alguno, según remacharon–).
Este tipo –que, en efecto, amasó una fortuna colosal tomando el pelo a la gente con su ¿religión? científica, en la cual figuran actualmente como buques insignia los lamentables Tom Cruise y John Travolta, dispuestos a hacer proselitismo apenas abren la boca– empezó como un vulgar escritor de narrativa pulp de ciencia ficción y fantasía en 1938, campo en el que se mantuvo activo hasta 1957, cuando apareció su última novela, Retorno al mañana. Por entonces ya estaba en marcha la estupidez dianética, a la cual le estimuló el editor John W. Cambpell (que solía entusiasmarse con las ideas más peregrinas: recuérdese cómo apoyó el no-aristotelismo y otras extrañas teorías desarrolladas por Van Vogt en sus novelas de los años cuarenta), habiendo publicado en 1951 su mamotreto Dianética: La ciencia moderna de la salud mental, que usted puede comprar en cualquier cuchitril dedicado a estos lavajes de cerebro. Desde esa fecha, Hubbard vio muy claro que ahí estaba el dinero, y no en novelas o relatos de ciencia ficción que no producían grandes ingresos y donde había demasiada competencia (y mejores autores, vaya). Así, desde 1951 hasta su (supuesta) muerte escribió una cantidad ingente de libracos, verdaderas montañas de sus paparruchadas, que junto con los ingresos amasados mediante su ¿religión? le convirtieron en un multimillonario de incalculable –e incalculada– fortuna. Cuando en los años ochenta empezó el fisco a fisgar en ella, se "murió".
Como escritor de género ha recibido algunos de los epítetos más duros que he leído en algunas enciclopedias y libros de consulta o crítica("basura", "fascista", "se dedicó a la religión porque no valía como escritor", etc.), pero como casi todos están escritos durante la era triunfal de la Cienciología quizá no haya que tomarlos muy en serio. Creo que hay algo de afán de revancha y de desprestigiarle como autor de ficción, debido a su muy dudosa reputación posterior como cienciólogo dianético, y evitar así que un tipo como él manche todo un género literario tan digno como el que más. Pero, siendo ecuánimes, sus novelas y relatos no parecen peores que los de otros autores –vaya, son mejores que los de R. Lionel Fanthorpe, por ejemplo, si vamos a mirar–; simplemente resultan rutinarios y vulgares, un autor más del montón. Miedo es una novela fantástica muy en la línea de lo que publicaba la revista Unknown en los años cuarenta, moderadamente interesante, y Retorno al mañana una novela de viajes en el tiempo sin nada especialmente destacable, escrita con corrección. No conozco nada más de su obra de esa época concreta, pero no creo que sea tan deleznable como dicen algunos.
En cualquier caso, "deleznable" es un adjetivo que se queda corto para calificar su monumental novelucha de 1983 Campo de batalla: La Tierra, con la que sorprendió –muy desagradablemente– a toda la comunidad de escritores de ciencia ficción que vivían tan tranquilamente sin Hubbard, y que lo último que esperaban –y deseaban– era el comeback de tan siniestro personaje. Pues sí: precisamente cuando más se cuestionaba su persona y su ¿religión?, a Hubbard le da por regresar como escritor de ciencia ficción, con una infame novela, una de las más largas escritas hasta entonces, y que tuvo la desfachatez de dedicar "a todos sus colegas escritores del género", poniendo sus nombres en una lista interminable al principio de la novelucha. La mayoría de los "colegas escritores" no ocultaron su profundo desagrado unos, y su enfado otros, al ver que el tipejo aquel les dedicaba una novela, y encima tan abominable. (Movido por la curiosidad, y también por razones de mis actividades en aquellas fechas, me la leí entera, y aún recuerdo con horror esa experiencia.) John Clute y Peter Nicholls califican el lenguaje en que estaba escrita como "desconcertantemente arcaico" en su Enciclopedia de Ciencia Ficción, 2ª edición. Hubo rumores acerca de que fuera Hubbard realmente el autor de la novelucha –que, como cabe esperar, contenía propaganda de su secta de manera nada subliminal–. ¿Un tipo que había abandonado el género hacía 30 años y amasado una fortuna, volvía de repente a él? (La pregunta que uno puede hacerse, tiene lógica: ¿Lo hacía para captar más infelices para su "religión"?) Por si eso fuera poco, en 1985 se lanzó a escribir Mission: Earth, una saga en ¡diez volúmenes!, con más propaganda subliminal de la cienciología y la dianética en sus páginas. No hay palabras para describirlo: Clute y Nicholls, en la mencionada obra, tampoco saben cómo hacerlo, puesto que vienen a decir, con mucha educación, que es algo que en la era de los puls –década de 1930– hubiera parecido asombrosamente viejo. Además de todo esto, Hubbard decidió apadrinar nuevos escritores de ciencia ficción, montando un nosequé con la colaboración de escritores serios, Algis Budrys entre otros, que publicaría antologías de los trabajos literarios de esos noveles. No pocos festejaron el evento, por lo que suponía como plataforma para nuevos autores (hay que decir que cumplió sus objetivos, descubriendo entre otros a David Zinnell, aunque cabe pensar que un medio u otro habrían encontrado para darse a conocer). Ciertamente es cruel decirlo, pero su ¿muerte? en 1986 terminó con toda esa fantasmada y nos evitó la inundación de más mierda de Hubbard en forma de sagas y lo que fuera. Ese innecesario regreso a la ciencia ficción del siniestro Hubbard al principio de los años ochenta es sin duda uno de los episodios más vergonzosos y lamentables de la historia de la ciencia ficción en Estados Unidos (la publicación Locus, durante esa etapa, tuvo que hacer verdaderos equilibrios para hablar bien de los autores que participaban en el "nosequé" creado por Hubbard con la ayuda de Budrys, publicitar las antologías, y encima, dar noticia de la muerte del dianético en 1986, y de sus dudas posteriores: eso pasa cuando se quiere estar a bien con todo el mundo).
La Dianética y la Cienciología, empero, no mueren, y la organización creada por este escritor de narrativa pulp sigue amasando fortunas a costa de los descerebrados que les entregan su dinero.

No se hagan ilusiones: puede que como escritor de ficción esté –afortunadamente– olvidado, pero su "obra" permanece, y dura y dura. ¿No saben quién es? Pues el fundador de la Cienciología, el creador de la Dianética y demás paparruchas pseudocientíficas y pseudorreligiosas, que se convirtió en todopoderoso amo y señor de una presunta secta con visos de ¿religión? para la mejora astral (he dicho "astral", no "asnal") de las personas. La Cienciología está prohibida en algunos países, que la consideran una secta dedicada a lavar cerebros de incautos y bobalicones. Su responsable es, en efecto, LaFayette Ronald Hubbard, estadounidense nacido en 1911 y supuestamente fallecido en 1986 (supuestamente porque su oportuna muerte, cuando se investigaba el origen y destino de su cuantiosa fortuna y del dinero manejado por la Cienciología, entorpeció esas investigaciones, y poco después fue seriamente cuestionada por varias personas que manifestaron nunca se comprobó debidamente su muerte –ni visto cadáver alguno, según remacharon–).
Este tipo –que, en efecto, amasó una fortuna colosal tomando el pelo a la gente con su ¿religión? científica, en la cual figuran actualmente como buques insignia los lamentables Tom Cruise y John Travolta, dispuestos a hacer proselitismo apenas abren la boca– empezó como un vulgar escritor de narrativa pulp de ciencia ficción y fantasía en 1938, campo en el que se mantuvo activo hasta 1957, cuando apareció su última novela, Retorno al mañana. Por entonces ya estaba en marcha la estupidez dianética, a la cual le estimuló el editor John W. Cambpell (que solía entusiasmarse con las ideas más peregrinas: recuérdese cómo apoyó el no-aristotelismo y otras extrañas teorías desarrolladas por Van Vogt en sus novelas de los años cuarenta), habiendo publicado en 1951 su mamotreto Dianética: La ciencia moderna de la salud mental, que usted puede comprar en cualquier cuchitril dedicado a estos lavajes de cerebro. Desde esa fecha, Hubbard vio muy claro que ahí estaba el dinero, y no en novelas o relatos de ciencia ficción que no producían grandes ingresos y donde había demasiada competencia (y mejores autores, vaya). Así, desde 1951 hasta su (supuesta) muerte escribió una cantidad ingente de libracos, verdaderas montañas de sus paparruchadas, que junto con los ingresos amasados mediante su ¿religión? le convirtieron en un multimillonario de incalculable –e incalculada– fortuna. Cuando en los años ochenta empezó el fisco a fisgar en ella, se "murió".
Como escritor de género ha recibido algunos de los epítetos más duros que he leído en algunas enciclopedias y libros de consulta o crítica("basura", "fascista", "se dedicó a la religión porque no valía como escritor", etc.), pero como casi todos están escritos durante la era triunfal de la Cienciología quizá no haya que tomarlos muy en serio. Creo que hay algo de afán de revancha y de desprestigiarle como autor de ficción, debido a su muy dudosa reputación posterior como cienciólogo dianético, y evitar así que un tipo como él manche todo un género literario tan digno como el que más. Pero, siendo ecuánimes, sus novelas y relatos no parecen peores que los de otros autores –vaya, son mejores que los de R. Lionel Fanthorpe, por ejemplo, si vamos a mirar–; simplemente resultan rutinarios y vulgares, un autor más del montón. Miedo es una novela fantástica muy en la línea de lo que publicaba la revista Unknown en los años cuarenta, moderadamente interesante, y Retorno al mañana una novela de viajes en el tiempo sin nada especialmente destacable, escrita con corrección. No conozco nada más de su obra de esa época concreta, pero no creo que sea tan deleznable como dicen algunos.
En cualquier caso, "deleznable" es un adjetivo que se queda corto para calificar su monumental novelucha de 1983 Campo de batalla: La Tierra, con la que sorprendió –muy desagradablemente– a toda la comunidad de escritores de ciencia ficción que vivían tan tranquilamente sin Hubbard, y que lo último que esperaban –y deseaban– era el comeback de tan siniestro personaje. Pues sí: precisamente cuando más se cuestionaba su persona y su ¿religión?, a Hubbard le da por regresar como escritor de ciencia ficción, con una infame novela, una de las más largas escritas hasta entonces, y que tuvo la desfachatez de dedicar "a todos sus colegas escritores del género", poniendo sus nombres en una lista interminable al principio de la novelucha. La mayoría de los "colegas escritores" no ocultaron su profundo desagrado unos, y su enfado otros, al ver que el tipejo aquel les dedicaba una novela, y encima tan abominable. (Movido por la curiosidad, y también por razones de mis actividades en aquellas fechas, me la leí entera, y aún recuerdo con horror esa experiencia.) John Clute y Peter Nicholls califican el lenguaje en que estaba escrita como "desconcertantemente arcaico" en su Enciclopedia de Ciencia Ficción, 2ª edición. Hubo rumores acerca de que fuera Hubbard realmente el autor de la novelucha –que, como cabe esperar, contenía propaganda de su secta de manera nada subliminal–. ¿Un tipo que había abandonado el género hacía 30 años y amasado una fortuna, volvía de repente a él? (La pregunta que uno puede hacerse, tiene lógica: ¿Lo hacía para captar más infelices para su "religión"?) Por si eso fuera poco, en 1985 se lanzó a escribir Mission: Earth, una saga en ¡diez volúmenes!, con más propaganda subliminal de la cienciología y la dianética en sus páginas. No hay palabras para describirlo: Clute y Nicholls, en la mencionada obra, tampoco saben cómo hacerlo, puesto que vienen a decir, con mucha educación, que es algo que en la era de los puls –década de 1930– hubiera parecido asombrosamente viejo. Además de todo esto, Hubbard decidió apadrinar nuevos escritores de ciencia ficción, montando un nosequé con la colaboración de escritores serios, Algis Budrys entre otros, que publicaría antologías de los trabajos literarios de esos noveles. No pocos festejaron el evento, por lo que suponía como plataforma para nuevos autores (hay que decir que cumplió sus objetivos, descubriendo entre otros a David Zinnell, aunque cabe pensar que un medio u otro habrían encontrado para darse a conocer). Ciertamente es cruel decirlo, pero su ¿muerte? en 1986 terminó con toda esa fantasmada y nos evitó la inundación de más mierda de Hubbard en forma de sagas y lo que fuera. Ese innecesario regreso a la ciencia ficción del siniestro Hubbard al principio de los años ochenta es sin duda uno de los episodios más vergonzosos y lamentables de la historia de la ciencia ficción en Estados Unidos (la publicación Locus, durante esa etapa, tuvo que hacer verdaderos equilibrios para hablar bien de los autores que participaban en el "nosequé" creado por Hubbard con la ayuda de Budrys, publicitar las antologías, y encima, dar noticia de la muerte del dianético en 1986, y de sus dudas posteriores: eso pasa cuando se quiere estar a bien con todo el mundo).
La Dianética y la Cienciología, empero, no mueren, y la organización creada por este escritor de narrativa pulp sigue amasando fortunas a costa de los descerebrados que les entregan su dinero.
Estoy totalmente de acuerdo con este comentario, porque los hombres somos sensibles y fragiles a pesar de los adelantos, que existen en la ciencia etc. y generalmente cuando hay momentos de crisis en la vida de los gobiernos y la vida particular, surgen estos señores, que segun tienen la llave magica para hacernos sentir bien,etc. etc. pero Dios creador de cielo tierra y universo. solo espera que el hombre se hacerque a El, y recuerde que somos polvo, como dice la escritura en el libro de los salmos, El tiene misericordia de nosotros porque sabe que somos polvo en naturaleza humana,y el espiritu vuelve a Dios que lo dio.Y porque nunca por mas cienciologia que veamos, seguimos siendo seres limitados en los grandes misterios que solo a Dios, Jesucristo hijo su Espritu Santo le pertenecen. Lean su biblia palabra de Dios, y pidanle a Dios que los guie y les abra ojos,porque tambien hay muchos charlatanes que utilizan las sagradas escrituras para su benefecio propio engañando .
MMMM creo que si quitas el odio que muestras por la persona de Hubbard te creería, pero como parece una carta de despechada no creo en todo lo que dices, por que si el tipo no esta muerto, entonces será el primer caso del que se queda para muestra. jajajaja
con toda la critica que ha recibido hubbard creo que era un hombre muy inteligente, que supo aprovechar su increible imaginacion para crear todo un emporio millonario,cosa la cual muy pocos seres lo logran y vivir como el quiso con todos los lujos que podia darle el mundo,y ppor si fuera poco que aun dspues de muerto hablen de èl y siga produciendo dinero para su descendencia.