J. G. BALLARD: EN EL RECUERDO Y EN SUS PALABRAS

(c) 2009 by J.C. Planells
 
 
 
La noticia conocida hoy de la muerte de James Graham Ballard (1930-2009), no por esperada resulta menos dolorosa. En su reciente autobiografía, Milagros de vida, escrita con ejemplar sencillez, informaba sobre su cáncer incurable, y las páginas finales tenían todo el aspecto de una discreta despedida de cuantos le han acompañado a lo largo de sus creaciones literarias.
He tratado la obra de Ballard y su importancia en otras ocasiones, tanto en este blog como en publicaciones varias, por lo que, sinceramente, no me veo capaz de afrontar dignamente lo que él ha sabido afrontar mejor, en el libro antes mencionado. Así que he preferido traer aquí sus propias palabras, extractadas de una antigua entrevista a cargo de Stan Barets e Yves Frèmion, en 1976, y publicada en Zikkurath 2000, nº 2013 (he corregido algunos detalles de la traducción).
 
"Entrevistadores: – Según usted, ¿los años 1960 representaron la cima de la tecnología, y a partir de entonces todo no hará más que degradarse?
Ballard: – El problema es más complejo que eso. Lo que realmente me interesa son los peligros y las posibilidades. Me explico. Al principio de los años sesenta, se temía una guerra mundial nuclear. Como escritor de ciencia ficción, mi oficio consiste en anticipar las posibilidades, no en hacer profecías. Debo extremar, exagerar estos peligros potenciales del mundo moderno. Creo que actualmente una hipótesis probable sería que el mundo rechazará toda esta alta tecnología. Existe una gran desilusión por el progreso. Volver a la naturaleza, cultivar los propios alimentos, confeccionarse el vestido… Una forma de vida más sentimental.
[...]
Ballard: -  [...] La gente en general no tiene confianza en la ciencia. Me atrevería a decir que, en cierta forma, han perdido plena confianza en los valores del cambio social. Esta es la explicación del peligro que quiero anticipar, esa actitud sentimental que rechaza el progreso. Lo cual, para mí, es un error.
Entrevistadores: – Hace bastantes años, en una entrevista en que le preguntaron acerca de las relaciones entre realidad y ficción, usted declaró que todo era ciencia ficción para usted, y que debido a ello prefería servirse de los personajes mitificados de la realidad en vez de inventar entes de ficción. ¿Sigue pensando del mismo modo?
Ballard: -  ¡Naturalmente! Estoy convencido de que mis contemporáneos no ven el mundo que les rodea. Son incapaces de examinar la psicología de la vida cotidiana. Y el fin que yo me he trazado es exactamente el contrario, es decir, el de descubrir las relaciones existentes entre estos mitos modernos, los medios de comunicación de masas y las deformaciones psicológicas. Es una geometría secreta la que une todos estos elementos entre sí, una lógica interna que subyace en el fondo de nuestra civilización. El sentido general de la evolución que conduce de la novela clásica a la ciencia ficción es el paso del realismo a lo que yo llamaría "nuevo-realismo". No es, evidentemente, el sentido que de realismo podía tener Gustave Flaubert, pongo por caso, pero para mí La exhibición de atrocidades es un ejemplo claro de lo que entiendo por nuevo realismo. Yo hablo de las cosas que están a nuestro alrededor como elementos de nuestra realidad, y no de lo que es nuestra propia vida. Esa es la diferencia. [...] Porque la mayoría de los elementos de nuestra visión de la realidad son, de hecho, ficticios. Vivimos en un mundo de simulacros. Y no me refiero exclusivamente a nuestra percepción de la existencia de las celebridades del mundo del cine, de la tele, o de la política; sino también a nuestras propias relaciones a nivel personal. La relación establecida entre los hombres y las mujeres de nuestra época es una especie de novela. Vivimos nuestras vidas como si se tratase de una aventura legendaria. Es en este sentido en lo que fundo mi teoría de que no podemos hablar ya de realismo en el sentido clásico del término: vivimos en la época de los realismos imaginarios.
[...]
Entrevistadores: – Dice usted que la política en el sentido derecha-izquierda no le interesa, y de hecho los personajes políticos importantes que aparecen en su obra no son juzgados en tanto que políticos sino como expresiones de una mitología cotidiana.
Ballard: – Naturalmente. En mi obra no existen opiniones políticas explícitas. Lo que me interesa de personajes como Reagan, Kennedy, etc., es el hecho de que representan, ante todo, la realización de nuestros propios fantasmas, la concreción mítica de nuestras vidas. No es  su personalidad la que ha hecho que se impusiesen a nosotros, sino que fuimos nosotros mismos quienes los creamos. Hemos sido nosotros los que hemos escrito sus papeles.
[...]
Entrevistadores: – El comportamiento de la mayoría de sus personajes es totalmente pasivo, dejándose atrapar fácilmente por el mundo que les rodea.
Ballard: – Sí, y es algo que me reprocho muy a menudo. En La isla de cemento, por ejemplo, y en su primera mitad el protagonista lucha intensamente y de una forma física para salir de la trampa, y cuando al fin renuncia es porque ha comprendido su verdadera motivación inconsciente, que es la de vivir aislado, como un Robinson moderno. Lo único que hice fue el darle una oportunidad para comprenderse a sí mismo. Estos no son personajes pasivos; son personajes que nacen de una nueva realidad. [...] En La isla de cemento, el personaje se encuentra solamente con su personalidad de hombre del siglo XX, es decir, profundamente aislado y alienado.
[...]
Entrevistadores: -  [...] ¿Piensa usted que [la ciencia ficción] es un género muerto?
Ballard: – No, en absoluto. lo que ha muerto es una cierta forma de escribir ciencia ficción. Actualmente no puede escribirse como se hacía en Estados Unidos en los años cincuenta.
 
Como complemento, ofrezco un fragmento de mi artículo "La ciencia ficción de pasado mañana", publicado en Revista de literatura, nº 217, 2006, que termina precisamente comentando la obra de Ballard:
 
 
    "Y llegamos al que quizá sea el más atinado autor de ciencia ficción del futuro cercano: J.G. Ballard, el británico cordialmente detestado por los partidarios de la ciencia ficción más ortodoxa, pero definido hace años por un ensayista como "el único auténtico autor de ciencia ficción". ¿Paradójico? Pues yo creo que no. Ballard escribe sobre el futuro porque el futuro ya está aquí. Inició su carera a principios de la década de 1960 con una tetralogía de novelas "catastrofistas" en la tradición de la novela británica clásica del género (Wyndham). Curiosamente, comenté hace poco en una web norteamericana que las imágenes del Katrina en Nueva Orleans parecían extraídas de una de esas novelas de Ballard… Luego se descolgó con dos nuevos ciclos de novelas que me permití calificar no hace mucho como "ciclo urbano" y "ciclo de las catástrofes sociales" (por oposición al de las "catástrofes naturales" con que inició su carrera).
En el "ciclo urbano", Ballard nos ofrece retratos del hombre moderno enfrentado a situaciones en las que lo que se supone creado para su confort y progreso se degrada y le retrotrae al salvajismo total. Así, Rascacielos (1975), La isla de cemento (1974) o incluso Crash (1973). En la primera, los moradores de un lujoso y ultramoderno rascacielos empiezan a volver al salvajismo tribal a causa del fallo de los más elementales servicios de habitabilidad del edificio: ascensores, electricidad, etc., etc.; el rascacielos ya no es un lugar en el que vivr cómodamente sino un campo de batalla piso a piso, una selva moderna. Algo semejante le ocurre al personaje de La isla de cemento, que debido a una avería en su automóvil se convierte en un Robinson varado en medio de un cruce de autopistas ultramodernas, abandonado y sin posibilidad de retorno a la civilización, aun hallándose en medio de ella.
En su ciclo de las "catástrofes sociales", Ballard llega más lejos aún. Compuesto por Furia feroz (1988), Noches de cocaína (1996), Super-Cannes (2000) y Milenio negro (2003), ahora es el hombre el mayor peligro para el hombre. Él es su propia catástrofe y quien la provoca cuando lo que se proponía era crear entornos perfectos y paradisíacos para su solaz (Super-Cannes) o la educación de sus hijos (Furia feroz); pero es que el hombre olvida que la búsqueda de la perfección absoluta da al traste con todo y convierte al hombre en un verdadero cáncer que amenaza con exterminarlo todo. Y así llegamos, como una consecuencia de ello, a Milenio negro, novela casi delictiva y en donde se nos ofrece algo muy parecido a los sucesos ocurridos en Francia en el momento de escribir este artículo, noviembre de 2005. En la obra de Ballard, en vez de los descendientes de la emigración, es la tradicional clase media británica la que es consciente de que su poder adquisitivo ya no existe y por tanto le da lo mismo terminar con todo y convertirse en terroristas y aniquilar cuanto se les pone por delante. Ahora, dice Ballard en este último ciclo, ya no es la naturaleza quien quiere aniquilar al hombre: es el propio hombre quien se las apañan para aniquilarse a sí mismo al deshumanizarse."
 
 
Con Ballrad hemos perdido al cronista del futuro, al forense de la modernidad y al visionario de nuestras locuras. Ahora, ¿quién recogerá el testigo?
 
 
Sobre Ballard, en este mismo blog:

 

Fiebre de guerra (7 de abril de 2008)

Bienvenido a Metro-Centre (9 de julio de 2008)

Noches de cocaína (2 de octubre de 2008)

Huracán cósmico/El viento de la nada (23 de noviembre de 2008)

 

 
 

Acerca de jcplanells3

Escritor. Barcelona, 1950. Véase en el epígrafe "bibliografía" de este blogzine la relación de mis trabajos publicados en papel: novelas, relatos y otros textos, así como en algunos sites de internet. Véase en el epígrafe "índices" del blog lo publicado en este blog, en los apartados de "artículos y ensayos" y "narrativa", desde diciembre de 2005.
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Una Respuesta a J. G. BALLARD: EN EL RECUERDO Y EN SUS PALABRAS

  1. Jordi dijo:

    Gran pérdida, por cierto Noches de cocaína está ambientada en una comunidad de ingleses en la Costa del Sol, curioso.

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